Horizontes Divididos

Publicado el 24 de Septiembre, 2005, 13:16

Día 6: Terremoto, NO  GUEEEEIIIIIII!!!!!!

Un comentario que vale para todos los días que estuvimos en Tokyo es la gran frialdad que se da entre los japoneses de allí cuando entran en un metro. Los que están sentados miran al suelo, los que están de pie delante de ellos, miran al techo, y en las puertas, el primero se pone mirando a la puerta y el resto en fila mirándose la espalda. Y allí estábamos nosotros, haciendo un corrillo debajo del ventilador y cantando Amigo Mío Solo Tu Encuentras Leña mientras la gente nos mira, y alguno se ríe, :p. Al final que las chicas nos miraran y los niños se encariñaran con nosotros. Si es que al final éramos siempre el centro de atención en los trenes, no lo podíamos evitar. Fue muy divertido.


Bueno, ese día, después de hacer el payaso un poco en el tren, nos bajamos en Ueno, para ver el parque famoso de Ueno. Se trata de un parque gigantesco con museos, templos, alguna que otra estatua y artistas ambulantes. Esa semana se dio la casualidad de que había un mercadillo también. Primero fuimos al museo nacional de ciencia. Muy chulo, a mi me gusto sobre todo los tres pisos sobre la evolución de los animales, donde había representaciones de muchas especies, y algo que siempre había querido ver, montajes de dinosaurios. Después de unas 2 horas, Miguel y yo ya estábamos cansados de museo, así que dejamos a Natxo y a JK allí mientras nos dábamos una vuelta por el parque. Fuimos buscando un templo que había por allí. Por el camino, vimos a un ciclista que era una orquesta en si mismo (estaba tocando una batería un poco rudimentaria) y una malabarista del balón, este ultimo me dejo maravillado.

Y llegamos al templo, que estaba rodeado de 3 lagunas, las dos laterales llenas de nenúfares,peces y tortugas, y la de detrás del templo, que era una zona de paseo en barca para las parejas, también con peces y tortugas. En realidad, toda la zona del templo se veía que era una zona de paseo para las parejas, y de noche seguro que tenia que estar muy bonito, porque el camino que daba al templo estaba repleto de farolillos para la noche, así como los caminos del parque que rodeaban los lagos. Después de verlo fuimos a buscar a los otros dos y a comer. Comimos arroz con carne (cada uno la que quiso) y con curry. Miguel comió Udon. Después mientras Miguel fue a ver el museo nacional de Japón, nosotros fuimos a ver el mercadillo y después otra vez el templo, donde compramos unas postales.


Templo Ueno

De vuelta a buscar a Miguel nos paramos a ver a un malabarista que hacia equilibrios encima de cilindros, sorprendente, había un montón de gente mirándolo. Tras esto, nos fuimos del parque en busca de la Torre de Tokyo (la antena de la NHK). Se encontraba cerca de la parada de Hamamatsucho. Bajamos y cerca de la parada nos encontramos un templo bastante grande, a cuyas espaldas se encontraba la torre. Llegamos a la torre, y vemos que, ademas de pagar, había una cola larguísima, así que decidimos no subir. Pero al menos veríamos la zona de compras (compradores compulsivos), así que subimos en ascensor hasta la zona de compras, y después de dar una vuelta paso... TERREMOTO. La verdad es que lo pasamos hasta bien, el edificio se movía como si fuera de gelatina y nosotros como si estuviéramos haciendo surf. El resto de la gente ni se inmuto, solo los niños que lloraron al ver como se caían cosas de los puestecillos. Al bajar de la tienda nos encontramos con unos gallegos, y al llegar a la estación llego la sorpresa, retraso en los trenes. La hora de quedada con Keisuke llegaba y nosotros no podíamos salir de allí, así que le llame y resulto que el estaba en Chiba y no podía entrar en Tokyo, así que no nos veríamos. Tras una hora de esperar, nos fuimos a buscar otra manera de llegar al hotel, así que fuimos a la estación de autobuses, donde nos dijeron que no había ningún autobús que llegara a Ebisu.

No sabíamos que hacer, estábamos desesperados, y entonces apareció el, todo moreno, con una camisa hawaiana, con gafas de sol (eran las 7 y pico, completamente de noche), con una botella de alcohol en la mano, un aliento que hubiese matado a cualquiera, y dijo, " Where are you going?", le dijimos que íbamos a Ebisu y que el metro no iba, y el volvió a preguntar por el bus. Que no, que no hay, y nosotros "vamos a ir andando", se agacha, mira el mapa, y empieza a contar "ichi(1), ni(2), san(3), yon (4), go(5), roku(6), wuuuuaaaaaa, noo weeeeiiiiii!!!!!! yar creeeiiiizzzyyy!!!!!!", y nosotros que nos partíamos. Al momento se le ocurrió una idea, el metro privado. Nos llevo hasta las maquinas, pagamos, nos dio unos caramelos, y nos llevo hasta la puerta como si fuera nuestra madre. Un personaje genial. Los caramelos, por supuesto, fueron a la basura ^_^.

Al llegar al anden, conocimos a dos chicas que se ofrecieron a acompañarnos hasta la estación donde teníamos que hacer transbordo. Eran dos profesoras de niños de parvulario, un par de preciosidades, muy simpáticas. Allí Miguel soltó la primera "pues yo odio a los niños", flipante. Nos acompañaron hasta la parada, nos ayudaron a cambiar el billete, y nos despidieron desde la barrera como si fueran nuestras chicas hasta que nos subimos al tren. Y así llegamos al hotel para la hora de cenar. Como al día siguiente nos esperaba un día agotador, decidimos cenar en la taberna que había al lado del hotel. Nos sentaron en una gran mesa en la que estaban cenando 3 chicas, así que cenamos con ellas, y estuvimos hablando con ellas hasta que se fueron. La cena nos la escogieron ellas, así que nos supimos que cenamos hasta que no nos lo trajeron. Las tres estudiaban flamenco, y allí llego la segunda de Miguel "pues yo odio el flamenco", juas. Tras unas cervezas nos volvimos al hotel, donde vimos el terremoto en la tele, y nos enteramos de que había sido fuerte. Y a dormir.

Por surzin, en: Japón